miércoles 16 de octubre del 2019

   

Ahora

Alegria nao tem fim

 

Por Juan Pablo Molino Torres.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, tiene la foto que deseó desde el comienzo de la Copa América. Dicho certamen comenzó el mismo día que las distintas centrales obreras brasileras le decretaron el primer paro general durante sus primeros seis meses de mandato y luego de imponer un decreto que buscó poner fin a la autonomía de las Universidades Públicas.

El entrenador de Brasil, Tite, en diciembre del año pasado pidió «no mezclar» el fútbol con la política y prefirió no asistir a una reunión con Bolsonaro. Lo cierto es que, como todo es política, en medio de las elecciones que mediante el voto popular proclamaron a Bolsonaro como presidente de Brasil, distintos valuartes futbolísticos de la historia brasilera se manifestaron a favor del presidente electo.

Cafú, ese fantástico lateral derecho que pasaba al ataque con la misma velocidad con la que retrocedía cuando tocaba defender, fue uno de los primeros de la larga lista de jugadores que respaldaron a Bolsonaro y el presidente estuvo igual de rápido que el jugador para nombrarlo inmediatamente «embajador de la Copa América». Lo siguieron Ronaldinho, Rivaldo, Kaká y Lucas Moura, entre otros. Juninho Pernambucano, aquel jugador que le pegaba como ninguno, también se animó a decir lo que ninguno de todos sus colegas pudieron ver antes del balotaje: «Me revuelvo cuando veo a un jugador o exjugador de derecha. Venimos de abajo, somos pueblo. ¿Cómo vamos a ponernos de ese lado? ¿Cómo vamos a apoyar a Bolsonaro?» Sócrates y Garrincha, seguramente celebraron desde sus respectivas tumbas una mínima mueca de rebeldía contra la autoridad.

Lo cierto es que durante esta Copa América, los protagonistas no fueron ni las declaraciones y el juego Lionel Messi, ni los grandes partidos de Dani Alves, ni los goles de Paolo Guerrero, ni la entrega de siempre de Luis Suárez, ni las apiladas de Miguel Almirón, ni las amenazas contra el colombiano William Tesillo que pedían el mismo destino que su compatriota Escobar, ni el japonés Kubo de 18 años que fichó por el Real Madrid y que expuso algunos destellos de gran jugador en las canchas de Brasil. El protagonismo lo tuvo ¿el VAR? O mejor dicho, ¿los de afuera, que incidieron a los de adentro, que comandan el VAR?

En todos los partidos que se realizaron, los árbitros que desfilaron por los campos de juego estuvieron en comunicación permanente con los árbitros del VAR. También lo estuvieron en la primera llave de la semifinal que enfrentó a la Argentina y Brasil. Pero a pesar de la comunicación, no se decidió revisar las jugadas donde hubo penal clarísimo a Nicolás Otamendi y otro discutible a Sergio Agüero. ¿Qué pasó, en ambas jugadas? ¿Qué pasó que Bolsonaro desfiló con toda su comitiva previo al comienzo del encuentro, sin los chalecos que entrega la CONMEBOL para autorizar el ingreso al campo de juego? ¿Qué pasó que no hubo VAR en dicho cruce y luego se utilizó en todos los demás, hasta para cobrar cosas insólitas, como el penal que le regalaron a Everton y a Brasil en la final?

Muchos menos protagonistas fueron los hinchas

Con un Estado con medidas antipopulares, el valor de las entradas también estuvo lejos del bolsillo del trabajador del brasilero que palpita, siente y respira fútbol. Hubo partidos donde los estadios lucieron en un 20 por ciento de su capacidad y el público que se acercó no fue el mismo que acompaña a los clubes durante los fines de semana. Probablemente el ejemplo más claro se vio en el Maracaná y justo en la final, con los jugadores brasileros dando la vuelta en un estadio donde muchísimas personas habían abandonado el mismo luego del pitazo final, desinteresadas por ver a Dani Alves levantar la Copa y mucho menos por seguir la vuelta olímpica de sus jugadores.

Luego de los festejos, le preguntaron a Casemiro por los arbitrajes y la incidencia del VAR. Dijo que no le correspondía a él opinar sobre eso. Lo cierto es que el único que soltó la palabra «corrupción» fue Messi. Luego siguió Lionel Scaloni. Y después, el Chiqui Tapia, presidente de la AFA, ente tan, pero tan manchado como la misma Conmebol. Y lo cierto también es que entre medio de todas las «polémicas», lo que no resulta polémico para el periodismo que prefiere mostrar las declaraciones de Miss Bum Bum a Messi o a Lali Espósito comentando de fútbol, es que Bolsonaro tenga esa misma foto que tanto anhelaron Benito Mussolini en el Mundial Italia 1934, Adolf Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 y Jorge Videla en el Mundial del 78 en nuestro país.

Y los jugadores, que cada vez lucen más como empresarios y están más pendientes de quedar bien con las autoridades enquistadas en las Federaciones sudamericanas y se distancian del público, es decir, del pueblo, de lo que alguna vez ellos se mostraron orgullosos de ser, tampoco dicen nada de lo que otros dicen no ver. Por el contrario, lo celebran.

 

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